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Daniel Goleman: ¡Mi Amígdala me ha secuestrado!

¿Alguna vez has perdido el control en alguna situación donde los nervios y el enfado te han vencido? ¿Alguna vez has dicho algo que no querías decir al reaccionar impulsivamente, o has actuado de mala manera y luego te has arrepentido?

 

No eres la única persona que se ha sentido así. 

 

 

El secuestro de la Amígdala.

Daniel Goleman, (para quien no le conozca,  el padrino de la Inteligencia Emocional) llama está pérdida de control mental temporánea: ‘El secuestro de la Amígdala’. Para explicar esto, voy a necesitar ponerme un poquito técnica: La Amígdala  es una pequeña parte de nuestro cerebro que tiene forma de almendra y que está encargada de protegernos (La mona vive ahí) – Esta pequeña almendra pertenece al sistema límbico de nuestro cerebro (o lo que es conocido como el Cerebro Emocional).

 

A través de cada experiencia recibimos miles de estímulos con información gracias a nuestros cinco sentidos. Esta información la recibe el Tálamo, y de ahí hay partes del estímulo que se envian directamente a la amígdala y otras parte se envían a la neocorteza del cerebro (Conocida como el Cerebro Racional). De acuerdo con esto, las dos partes del cerebro (Racional y emocional) recibirían información de cada estímulo. PERO, el cerebro emocional (en particular, la amígdala) es milesegundos más rápido en procesar la información recibida. (Y créeme, aquí es cuando te das cuenta del valor que tiene cada segundo). CUANDO la amígdala encuentra una coincidencia entre la información recibida y alguna amenaza guardada en la memoria del pasado, la amígdala activa las tres Efes (en inglés: Flight-Huir, Freeze-Paralizarse, or Fight-Luchar), y va más allá, esta pequeña almendra consigue secuestrar al cerebro racional de manera que este ni si quiera llega a recibir la información del estímulo amenazante. 

 

 

Cuando el cerebro racional es secuestrado, reaccionamos antes de ser capaces de racionalizar.

 

 

Tu reacción viaja a la velocidad de la luz como si fuera una cuestión de vida o muerte, y tu tu impulsividad toma decisiones en tu nombre. Esto puede ser útil en una situación de supervivencia, pero no tan útil en las situationes del día a día. Lo que suele pasar es que una vez que has reaccionado, te arrepientes justo después en cuanto te das cuenta de que tus acciones han sido inapropiadas e inútiles, pero… ¡Es demasiado tarde! 

Hace poco mi amígdala secuestro mi cerebro racional y me dejo en shock, pero afortunadamente pocos días después tuve la oportunidad de conocer a Daniel Goleman en persona para responder a todas mis preguntas, así que si te parece ahora te voy a contar como fue y mis conclusiones.

La semana pasada hice el examen práctico de conducir por primera vez. Ya tenía el teórico aprobado pero lo hice antes de irme a Australia, y ya habían pasado casi dos años asi que se iba a caducar… Historia larga resumida: Sólo tenía esa única oportunidad para sacarme el práctico.

Para que te hagas una idea de la historia completa… Una de las grandes razones por las que decidí sacarme el carnet de conducir era superar mi miedo a conducir. He vivido toda mi vida con un miedo irracional y una creencia limitante: ‘Serás un peligro al volante’. Desde pequeña, me agarré a la creencia de que era patosa y que nunca sería una buena conductora. Algunas mujeres de mi vida tienen carnet pero no conducen por miedo y yo estaba convencida de que sería como ellas, así que…

 

 

Cuando me hice consciente de que mi miedo era irracional, decidí exponerme a él para superarlo. 

 

 

Cuando volví de Australia, me apunté a una autoescuela y empecé mis clases prácticas con una profesora maravillosa, que me ayudó a exponerme a mi miedo. En cuestión de semanas, estaba conduciendo con confianza… y lo mejor de todo: ¡Lo estaba disfrutando! No me podía creer como la mona me había confundido; ¿cómo había podido estar tanto tiempo viviendo así: condicionada por un miedo imaginario e irracional? 

En fin, el día del examen llegó, y me sentía muy relajada. Excesivamente relajada diría yo. De hecho, ese día hicé mi meditación mañanera, fui con tiempo, y me sentía segura y calmada. Tenía la sensación de que todo iba a ir bien, hasta el momento en el que me senté en el asiento de conductora, y el examen empezó. A partir de ahí todo salió mal. En cuanto mis manos se pusieron en el volante, y me di cuenta de que era la hora de demostrar todo lo que sabía, sin la ayuda de mi profesora, entré en pánico.

La experiencia de ser examinada llegó a mi amígdala, y esta la percibió como una auténtica amenaza. La amígdala relacionó este estímulo con mi antigua creencia (‘Eres un peligro al volante’) que aún estaba grabada por alguna parte en mi, y tomó acción para protegerme. En este caso, paralizándome (Freeze). Mi amígdala no quería que me moviera porque no pensaba que fuera seguro, así que bloqueó mi cerebro racional para que no pudiera conducir adecuadamente. Me olvidé de cosas de las que nunca me había olvidado antes como por ejemplo: Darle al botón de start el coche antes de empezar o quitar el freno de mano después de aparcar, eso sí aparcar aparqué de maravilla (Estaba claro que mi amígdala quería parar jaja).

 

Suspendí el examen por la creencia irracional que se despertó en el momento de la verdad y me dejó vendida sin capacidad de pensar racionalmente. En cuanto el examen había pasado, no podía entender que había pasado y me llené de arrepentimiento y culpa. Deseé que pudiera rebobinar en el tiempo para hacerlo de nuevo. 

 

 

La mona me había ganado y no se conformaba con eso. Después de suspender, ¡la mona volvió al ataque para castigarme por fallar!

 

 

 

Es importante prestar atención a este detalle: No sólo mi cerebro racional se sentía mal después de suspender pero también el cerebro emocional. La mona me criticó sin parar por no ser capaz de controlar mis nervios: ‘¿Cómo puedes ser coach si tu amigdala es capaz de secuestrarte? jajaja’ Considerando que soy humana, la mona fue un poco injusta ¿no? 

Por suerte, y gracias al entrenamiento mental y emocional que practico a diario, fui capaz de identificar a la mona rápidamente  y bajarle el volumen para poder centrarme en la compasión y empatía que sentía hacia mi misma y enseguida me sentí mucho mejor. 

Días después, fui al World Business Forum a ver a un ponente de ensueño: Daniel Goleman.  En su charla, habló largo y tendido del secuestro de la amígdala, algo de lo que ya le había oido hablar muchas veces, pero esta vez caló en mi más que nunca antes por la experiencia que había tenido recientemente, fue ua suerte explorar el tema en profundidad con su creador. 

A menudo utilizo técnicas de respiración para lidiar con El secuestro de la Amígdala. Si la mona me está ganando y me encuentro metida en una conversación violenta: Pulso pausa en la vida, voy al baño y respiro hasta que me siento calmada de nuevo para poder seguir hablando de otra manera, pero ¿Qué se hace en un examen de conducir? ¿Puedes decirle al examinador que vas a parar el coche y ponerte a respirar? Dudo que sea aceptable.

 

 

 

¿Qué hacer entonces en situaciones en las que no está permitido pararse a tomar el aire, y respirar? 

Voy a separar las herramientas de esta semana en dos secciones: Antes y durante, pre-paración y parada de supervivencia. (Para explorar las cosas que se pueden hacer cuando ya estás secuestrada/o).

 

Antes. Pre-paración:

 

 

1. Practicar Mindfulness y Meditación a diario:

Si practicas meditación cada día, puedes reducir las posibilidades de que tu amígdala te secuestre. La meditación y el mindfulness a largo plazo tienen un efecto relajante en tus emociones que permiten que hagan falta amenazas mucho mayores y rápidas para que la mona asustada reaccioné. Estás prácticas te regalan tiempo de reacción.

 

2. Práctica tus técnicas de relajación:

Encuentra una técnica de relajación que funcione para ti y practicala tanto como puedas. Es buena idea ponerse alarmas a lo largo del día para chequar el ritmo de tu respiración y relentizarlo si es necesario.

 

 

3. Desenreda la raíz del problema:  

Este es el paso más importante. Si prestas atención, te darás cuenta de que los desencadenantes que llevan a tu amígdala a secuestrar a tu cerebro racional tienen cosas en común. Descubre lo que te activa y transforma tus creencias limitantes, en mi caso yo había trabajado el superar mi miedo de conducir pero no había prestado atención a la creencia que seguía sosteniendo: En el fondo seguía convencidad de que era patosa y que sólo estaba conduciendo bien gracias a la guía de mi profesora.

 

 

 

Durante. Parada de Supervivencia:   

 

 

1. Identifica el secuestro de la amígdala:

 

Este es ya de por si un gran paso, y recomiendo que lo digas en alto, que le pongas voz. Es una manera simple y efectiva de alertar al cerebro racional de lo que está pasando. 

 

2. Intenta regular el rítmo de tu respiración:

 

Puede que no puedas parar el coche para respirar pero respiramos constantemente independientemente de lo que estemos haciendo, así que te recomiendo poner tu atención en lo corporal, en tu respiración e intentar relentizar su ritmo. (Esto será mucho más fácil si tienes ya una técnica de respiración incoporada e interiorizada al practicarla a diario)

 

3. Exponte a tus miedos:

 

¿Cómo me puedo deshacer de mis miedos? Al exponerme a ellos.  De esto ya hemos hablado en muchas ocasiones, nada como la técnica de la exposición para superar miedos. ¿Cómo le podemos convencer a la amígdala y a la mona de que algo no es una amenaza? Provando que no lo es una y otra vez, así que a veces puede que necesites más de un intento, porque cuanto más te expones a algo que te da miedo y ves que no pasa nada, más ganas al miedo. El chico que hizo el examen conmigo llevaba 9 intentos, y a la novena hizo un examen impecable. ¿Por qué? porque había deshecho sus nervios intento tras intento. 

 

Último pero no menos importante es aceptar que la amígdala nos va a secuestrar en algún momento, el desarrollo personal es un proceso eterno y deshacer amenazas y creencias limitantes lleva tiempo. Somos imperfectas/os y no hay nada malo en eso. Simplemente sigue intentándolo, sigue practicando y poco a poco reducirás el poder de tu amígdala para tomar el control de tu vida y te sentirás mejor cada día.

 

El próximo Brunch blog Club en el que hablaremos de este artículo va a ser merienda, esta vez por la tarde. Este domingo a las 18h. Si te quieres apuntar, y además recibir tu meditación para hacer las paces con la ansiedad, sólo necesitas unirte a satisfaction, ¡Es gratis!

 

 

Con amor y satisfacción,

 

 

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